Los plásticos en alimentación. I parte

Entrados ya en el siglo XXI, hay un tema que resulta preocupante, no solo para el ser humano, también para la naturaleza. Se trata del uso de los plásticos en alimentación. En este post realizaremos una visión desde el punto de vista medio-ambiental, así como las implicaciones existentes en alimentación humana.

Antaño, en este país, nuestros antepasados, utilizaban recipientes elaborados manualmente con materiales extraídos de plantas o animales, como el esparto, el mimbre, la piel animal, u otros para transportar alimentos o bien conservarlos. Además, tampoco existía frigorífico, por tanto, se realizaba la compra casi a diario. Ahora bien, quien podía, disponía de huerta…manteniéndose de esta forma la temporalidad de los alimentos, así como su frescura. Respecto a alimentos de procedencia animal, se practicaba la caza o la pesca, o bien, se sacrificaban los animales pertinentes para pronto consumo, o se empleaban diferentes formas de conservación. Sin embargo, empezó el boom automovilístico, incorporándose en nuestras vidas el petróleo, y con ello los derivados del mismo, como los polímeros para uso alimentario.

Los precursores de los polímeros actuales son los de origen “natural”, como el ámbar, las astas de animales, la goma laca, y la guatapercha (látex extraído de árboles indonesios del género palaquium). Durante la Edad Media, en Europa, los asteros (personas que trabajaban el cuerno), elaboraban utensilios procedentes de astas, entre los que se encontraban las cucharas, los peines, los faroles, etc. Posteriormente, empezó a trabajarse el estireno. Ya en el siglo XIX, se descubre el caucho, la caseína (proteína láctea, que al combinarla con formol, forma la “galatita”), la “ebonita” y el “celuloide” o “parkesita”, en honor a su descubridor Alexander Parker. Nuevos avances sobrevinieron combinando estireno con otros materiales o compuestos. Leo Baekeland, fue el descubridor de la “baquelita”, el primer plástico sintético utilizado en la construcción, además de carcasas de teléfonos, objetos de escritorio, etc. Debido a una sociedad cada vez más consumista, nuevos polímeros sucedieron, gracias a la técnica de los termoplásticos, entre los cuales están los que conocemos actualmente, como el policloruro de vinilo (PVC), el poliestireno (PS), las poliolefinas y/o el polimetacrilato de metilo, comúnmente conocido como “plexiglas”. Los avances científicos, permitieron la aparición de los plásticos reforzados utilizando poliéster. Además, se inventaron los poliésteres insaturados gracias a Carleton Ellis. Otros materiales que se descubrieron fueron el teflón, el “nylon” y el neopreno, muy utilizado en la fabricación de productos militares. Así mismo, surgieron nuevos polímeros y modificaciones de los ya existentes, consiguiendo plásticos denominados “superpolímeros”; también “biopolímeros”, en los cuales se observa la implicación en el ser humano. De este modo, a día de hoy existe una amplia gama de estos productos en nuestras vidas cotidianas (97).

Los desechos plásticos son un tipo de contaminación que afecta a todos los océanos y mares del mundo, causando la muerte de muchas especies animales marinas (aves, tortugas, focas, leones, ballenas y peces). Además, se están encontrando en numerosos rincones terrestres, como en barrancos, playas o rocas, desde la superficie del agua a profundidades de 3.000 metros, desde las zonas polares hasta el Ecuador, en zonas pobladas e islas deshabitadas. Se estima que afecta a unas 267 especies en todo el mundo, que a través de la cadena trófica también llega a nosotros, los humanos (10). Producimos unos 12 millones de toneladas de residuos al año (1, 2).

Tan sólo el 20-30% de estos materiales se reciclan adecuadamente, el 60% acaban en vertederos, 10% incinerados y otro 10% son usados en compostaje. Por todo esto, el plástico es el principal enemigo de los ecosistemas acuáticos (mares y océanos), por la creciente cantidad de dicho residuo, su fácil dispersión y su lenta degradación. De los 50 millones de envases de bebidas que gastamos solo un 20% es reciclado. Además, la opción del reciclaje no siempre es útil, al no poderse llevar a cabo muchas veces por la cantidad de impurezas que llevan estos desperdicios. Cada vez más se usan envases de un solo uso, cuya vida útil es de 12-20 minutos y tardan sobre 5 décadas en destruirse. Es un buen ejemplo de la cultura de “usar y tirar” (1, 2).

En la siguiente TABLA se pueden observar los tipos de plásticos más frecuentes en las playas y el tiempo de descomposición.

Cooperativa agrícola en la Comarca de Alhama (Granada)

En los últimos 50 años los humanos hemos producido un poco más de 8.000 millones de toneladas de plásticos. Si continuamos a este ritmo, según estudios realizados por Greenpeace, en el 2020 se alcanzarán los 500 millones de toneladas (900% más que en 1980) (1, 4).

Los que mayor problemas ocasionan son los microplásticos, fragmentos con un tamaño inferior a 5mm. Los plásticos flotantes sobre la superficie del agua se fotodegradan haciendo que trozos grandes se conviertan en más pequeños (microplásticos secundarios), o también son utilizados en productos de limpieza e higiene como exfoliantes, pastas de dientes o detergentes (microplásticos primarios). Al ser tan pequeños no quedan retenidos en los filtros de las depuradoras. No es solo un problema que afecta a los animales y medio ambiente, ya que mediante la cadena alimentaria, son consumidos también por las personas. Sobre el 25% del pescado que se vende contiene en su interior microplásticos, primero lo ingieren los animales marinos y después el ser humano (1, 4).

Según Greenpeace, en el Mediterráneo se encuentra el 21-54% de todos los fragmentos de microplásticos del mundo. El 72% de los residuos recogidos en nuestras playas son plásticos y el 97,3% se encuentra en los estómagos de animales acuáticos (tortuga boba, foca monje, etc.), los cuales han de sacrificarse para observar su interior (2).

En la siguiente TABLA se observan los tipos de plásticos según el tamaño.

Existen las denominadas “islas de plástico”, que son concentraciones de residuos humanos (botellas, bolsas de plástico, tapones, colillas, etc.) acumulados en zonas caracterizadas por corrientes oceánicas. Un tamaño de 3,4 millones de km2 (7 veces España) y 10 metros de profundidad, formada por 100 millones de toneladas de desechos: 80% procedentes de zonas terrestres y el 20% de barcos. Las corrientes mueven los residuos de la costa norteamericana al vórtice de las corrientes oceánicas cada 5 años, y cada 1 (más o menos) desde la costa asiática.  Estas islas son como un gran animal sin correas que se van moviendo, que al llegar a zonas costeras, van acumulando restos. Hay 5 islas de este tipo, 2 en el océano Atlántico, 2 en el Pacífico y otra en el Índico. Al parecer, se está formando otra en el Mediterráneo cerca de Italia (7, 8, 17, 19).

España es el quinto país en Europa que más plásticos utiliza. Se consumen unos 5.000 millones de bolsas de plástico por año, concretando más, 120-133 bolsas por individuo. España el 1 de enero de 2017 debería haber aprobado un Real Decreto a partir de la Directiva 2015/720 Europea sobre el cobro de bolsas de plástico. Se atrasó hasta el 1 de enero de 2018, se volvió a aplazar hasta marzo; y ahora, el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente comunica un tercer retraso, hasta mediados de 2018 por carencia de algún trámite legal. La Directiva obliga a reducir un 25% el uso de bolsas de un solo uso, sobre todo las que tienen un espesor inferior a 50 micras o ligeras, antes del 2019, es decir, 90 bolsas por persona y en 2025 serán 40. La unión Europea ha abierto un expediente sancionador a España por esta razón. Aún no se ha publicado el texto definitivo (1, 4, 5, 6, 105, 106).

 

Bibliografía y Webgrafía.

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